22:56 h. Jueves, 21 de Agosto de 2014

Tachas 06

'Discurso y Poder' de Van Dijk

Reseña de Aideé Marcia Orozco

 |  12 de Julio de 2013 (19:32 h.)
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Saturno devorando a su hijo, Goya, detalle.
Saturno devorando a su hijo, Goya, detalle.

 

Creíamos que, como teníamos poder, teníamos también sabiduría.
Stephen Vincent Benét

 

Hay cosas que sólo hacemos y cosas que hacemos. Es decir, muchas de ellas sólo las hacemos por inercia, sin sentido, sea por manía o por costumbre y que se han vuelto rutinas y rituales que difícilmente modificamos. Otras, las hacemos porque “tiene un sentido hacerlas”, como escuchar tu música favorita, leer un libro, convivir con tus amigos, ver una película o comunicar algo de suma importancia a otra persona; por lo tanto, no “sólo hacer” sino “hacer” está revestido de una intencionalidad, de un propósito o de una meta que nos lleva a ejecutar la acción.

Es así que con base en este razonamiento, y a través de la lectura de Discurso y Poder de Teun A. Van Dijk,[1] concibo el discurso como el “hacer”, siempre lleno de acciones. De hecho, usar el lenguaje en un contexto determinado por propósitos comunicativos está siempre asociado a actos como expresar, informar, explicar, pedir, suplicar; pero también puede ser para persuadir, acusar, prometer, advertir, ordenar, manipular y hasta controlar; esto es, hacer que otros actúen (o no actúen) como deseamos. Sin embargo, quienes tienen el control del discurso, en especial maestros, políticos o periodistas no lo utilizan como una herramienta para buscar un bien común; por el contrario, lo ejercen en beneficio propio y en contra de los sujetos controlados.

A Teun A. Van Dijk le preocupa la manera en que se ha tratado el discurso. Una ha sido desde la Pragmática, visto desde una perspectiva filosófica y lingüística, considerando los actos de habla en términos más bien teóricos. En las siguientes líneas mencionaré cómo el autor nos habla del discurso como una reproducción del poder, y en especial del abuso del poder, con la intención de reflexionar sobre el “hacer” docente, ya que finalmente en el aula quien tiene el control del discurso es el maestro y es él quien debe reconocer la línea tan delgada que divide el hacer buen uso del poder o abusar de él.

Van Dijk funda un movimiento intelectual interesado en el Estudio Crítico del Discurso (ECD), por medio del cual desarrolla una investigación razonada sobre el discurso desde el modo en que el abuso del poder social, el domino y la desigualdad, son practicados, reproducidos y, en ocasiones, combatidos, por los textos y el habla en el contexto social y político. El propósito de dicho movimiento es contribuir de manera efectiva en contra de la desigualdad social.

Desde el principio aclara que los Estudios Críticos del Discurso no son un método único de análisis del discurso, porque abarca dimensiones teóricas y aplicadas; por lo tanto, tiene métodos de estudio diferentes que van a depender de los objetivos de la investigación, la naturaleza de los datos estudiados, los intereses del investigador y otros datos del contexto que se indaga. Los métodos se eligen con el fin de contribuir al fortalecimiento social de los grupos que son dominados, en especial en el ámbito del discurso y la comunicación.

 

El discurso se analiza no solamente como un objeto “verbal” autónomo, sino también como una interacción situada, como una práctica social o como un tipo de comunicación que se da en una situación social, cultural, histórica o política. En lugar de analizar una conversación entre vecinos podemos, por ejemplo, hacer un trabajo de campo en un barrio, observar cómo hablan las personas en los cafés o en las plazas y describir muchos otras aspectos relevantes de estos acontecimientos comunicativos, tales como los marcos temporales o espaciales, las circunstancias especiales, los participantes y los papeles comunicativos y sociales que cumplen y las diversas actividades adicionales que se realizan al mismo tiempo.

En suma, tanto los Estudios del Discurso como los Estudios Críticos del Discurso utilizan una gran cantidad de métodos de observación y análisis y otras estrategias para reunir, examinar o evaluar datos, para poner a prueba las hipótesis, para desarrollar teorías y para adquirir conocimientos.[2]

 

Los Estudios Críticos del Discurso enfocan su método de estudio en los sistemas y estructuras del habla o el texto que dependen de condiciones sociales oportunas en que se hace uso del lenguaje y que contribuyen a generar o desencadenan consecuencias sociales que son específicas del discurso. En las propiedades del discurso que están asociadas a la expresión, confirmación, reproducción o impugnación de los grupos que por su condición social son los dominantes y no los dominados, intentan demostrar que entre las estructuras del discurso y las estructuras sociales se debe considerar un proceso sociocognitivo muy complejo que puede abarcar modelos mentales o representaciones cognitivas de los participantes. Y, finalmente, relacionan las estructuras del discurso, primero con las estructuras congnitivas y luego con las estructuras sociales, lo cual exige el empleo de teorías y métodos multidisciplinarios.

Lo interesante de este movimiento es que va más allá del estudio del discurso: también implica ser crítico: se rige por una perspectiva, una normatividad ética, una actitud y una manera especial de hacer investigación socialmente pertinente. No es “neutral”, está comprometido a favor de los grupos dominados de la sociedad. Reconoce los compromisos y la posición de su propia investigación en la sociedad y reflexiona sobre ellos. No se limita a estudiar los problemas sociales, lo hace con el objetivo de contribuir a producir un cambio social específico a favor de los grupos dominados. Examina, bajo una perspectiva autocrítica, si los resultados de su investigación beneficiarían la posición dominante de los grupos poderosos de la sociedad.

Baso mi decisión de concentrarme en las nociones normativas del abuso del poder y la desigualdad social de los fundamentos lógicos de la investigación crítica. Esta investigación analiza críticamente lo que, de acuerdo con normas y valores sociales específicos, es injusto, ilegítimo, está desencaminado o es malo.[3]

Van Dijk menciona que los Estudios Críticos del Discurso sólo pueden hacer contribuciones significativas y específicas al análisis crítico, social o político, si son capaz de evidenciar el rol que juegan el lenguaje, el discurso o eventos comunicativos en la reproducción de la dominación y la inequidad; por lo tanto, existen dos dimensiones principales en las que el discurso está implicado en la dominación.

El primero, es a través de la representación de la dominación en el texto y habla en contextos específicos; esto es, los hablantes dominantes pueden limitar los derechos comunicativos de otros decidiendo qué sí se puede hacer y qué no.

Con respecto a esta primera dimensión, se refiere a hablantes dominantes, aquellos que tienen acceso preferencial al discurso público, en especial políticos, periodistas y profesores.

Mi reflexión como docente, en ese sentido, sería, hasta dónde nuestro discurso frente a los alumnos ha reproducido la dominación y la inequidad. Cuántas veces hemos sido testigos de colegas que se sienten orgullosos cuando descubren que sus alumnos les temen. “Estos pelaos me respetan” es su frase emblemática. Pero el hecho de que los maestros seamos autoritarios (de manera general, pienso que todos, en algunas ocasiones, lo somos y muy pocos escapan de ello) no nos da derecho a ejercer un control absoluto sobre los alumnos. Van Dijk menciona que si se tiene el control del discurso, ya se tiene ganado el control de la comunicación; entonces, ¿por qué no utilizar el discurso como una puerta de acceso al conocimiento por parte del alumno y no como una herramienta de dominación?

La segunda dimensión en la que interviene la dominación es a través de la influencia del discurso en la mente de otros: “Quienes controlan el discurso pueden controlar indirectamente las mentes de la gente”.[4] En este caso los hablantes dominantes controlan el acceso al discurso público y así son capaces de manejar indirectamente la opinión pública. El control, además de ejercerse sobre el discurso como una práctica social, también se aplica a la mente de los sujetos y sus ideologías; por lo tanto, el control mental también implica el control indirecto de la acción.

Como ejemplo de esta segunda dimensión, siguiendo la misma línea en el campo educativo, expongo el siguiente: siempre ha existido la tesis de que los libros de texto gratuito son el principal instrumento de control gubernamental sobre las ideas de la población. En este caso, el discurso de los hablantes dominantes (los políticos), hacen uso del discurso sobre la mente de los dominados e intentan convencernos de que los fines para los que fueron publicados son otros.

En 1959 se creó, por decreto presidencial de Adolfo López Mateos, la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito, cuyo objetivo principal era editar y distribuir de manera gratuita los libros escolares para todos los niños que cursaban la primaria, ya que la situación de la educación, en esa época, mostraba que de cada mil niños que ingresaban a la primaria, 866 desertaban antes de terminarla por falta de recursos económicos.

Otro objetivo de los libros de texto gratuito fue aprovechar la oportunidad de transmitir normas y valores, así como un proyecto de sociedad. Mi ejemplo de dominación en este sentido es que en el contenido del texto se hacía uso de recursos retóricos mediante los cuales se presentaba a la familia como cimiento de la sociedad, y a través de la representación de la Patria se mostraba una sociedad igualitaria en la que todos sus miembros tenían un lugar a partir del cumplimiento del deber personal.

Si bien es cierto que hay polémica ante esta tesis, también es cierto que hay un control discursivo de la mente de los dominados, pues hacen uso de aquellas estructuras que manipulan los modelos mentales de la audiencia para persuadir, convencer o hasta imponer y, una vez que se logra influenciar en las creencias sociales de un grupo, se pueden controlar indirectamente las acciones de sus miembros.

El mismo Van Dijk desarrolló una investigación tomando como objeto de análisis el discurso en los textos escolares y publicó en los Estados Unidos un libro titulado Elite, Discourse and Racism (Newbury Park CA, 1993) sobre el racismo latente en este tipo de textos y la manera como las élites mantienen y reproducen el racismo.

En resumen, para Van Dijk el análisis del discurso crítico está interesado en la dominación, definida desde el poder social; es decir, como desviaciones de los estándares o normas de interacción aceptadas, a favor de los intereses de un grupo más poderoso, lo que resulta en varias formas de inequidad social.

La dominación también implica acceso especial a varias formas de discurso o eventos comunicativos. Los grupos dominantes o élites pueden ser definidos por su acceso especial a una variedad de público más amplio o discursos de influencia, que los grupos menos poderosos. Las élites tienen un mayor acceso a los discursos de política, medios, escolaridad o educación. Pueden determinar tiempo, lugar, circunstancias, presencia y rol de los participantes, temas, estilo y audiencia de estos discursos.

También las élites pueden ser los actores preferidos en el discurso público; por ejemplo, en los noticiarios. Esto significa que tienen más posibilidades de tener acceso a las mentes de otros y así ejercer su poder persuasivo. Los grupos menos poderosos tienen acceso activo sólo a conversaciones cotidianas con familiares, amigos o colegas, menor acceso a diálogos institucionales (por ejemplo, en su interacción con doctores, profesores o empleados civiles), y acceso muy pasivo a los discursos públicos, como los de los medios de masas. En realidad los hablantes poderosos, autorizados, creíbles, expertos o atractivos, serán más influyentes, digan lo que digan, que quienes no poseen esas propiedades.

Y para muestra un botón, nuestro Presidente de la República: un “hablante” atractivo, pero que empezó a caracterizarse como poco hábil en la palabra y en la improvisación por una cascada de enredos y errores iniciada en la Feria del Libro de Guadalajara, en campaña, cuando no supo responder sobre los tres libros que le habían marcado la vida (diciembre de 2011); sin embargo, fue elegido como  nuestra máxima autoridad en las elecciones de 2012.

Más que con la política, la economía o la diplomacia, el Presidente de México, Enrique Peña Nieto, se ha tropezado con las palabras. Con sus palabras. Las que cada mediodía salen de su boca en los eventos públicos y, a veces, convertidas en gazapos, ha logrado atizar el temor de la sociedad a su incapacidad”[5]

Y qué decir de nuestro ámbito, cuántos maestros que, perteneciendo a esta élite, abusan de su conocimiento y que, en su ejercicio legítimo de su poder, por el simple hecho de pertenecer a este grupo, hostigan a los estudiantes en lugar de educarlos, orientarlos o asesorarlos. Debemos ser conscientes de nuestra labor, de la responsabilidad que tenemos como formadores, orientadores o facilitadores del conocimiento, no podemos ni debemos optar por el abuso ilegítimo del poder, por esa dominación que implica la dimensión negativa del abuso, de desigualdades de injusticia e inequidad.

A manera de conclusión recordemos que el objetivo general de los Estudios Críticos del Discurso (ECD) es explicar  cómo el discurso contribuye a la reproducción del poder y, sobre todo, del abuso del poder, de la dominación. La gente que tiene el poder, el presidente, el gobernador, el médico, el periodista y hasta el profesor, son personas que hablan, que escriben, que controlan el discurso público; por lo tanto, el discurso y la comunicación son entonces los recursos principales de los grupos dominantes.

Es así que el discurso público es un poder que permite controlar los actos de los demás, porque define quién puede hablar, sobre qué y cuándo; por lo tanto, se trata de un control discursivo de los actos lingüísticos por medio de la persuasión, la manipulación, el adoctrinamiento o la desinformación, las maneras más modernas y últimas de ejercer el poder.

Hay cosas que decimos y cosas que decimos. Unas las decimos por decirlas, como cuando alguien invade el carril al ir manejando o cuando nos machucamos los dedos en la puerta. Otras, en cambio, las decimos porque tenemos la intención de reproducir el mundo.

Nosotros, los grupos dominantes, desde la educación, los que ejercemos el “uso legítimo del discurso y del poder”, ¿qué mundo estamos ayudando a reproducir cada vez que interactuamos con alguien?     

 

 


[1] Teun A. Van Dijk, discurso y poder, Gedisa, Barcelona, 2009, 413 pp.

[2] Ibid., pp. 22-23. 

[3] Ibid., p. 29.

[4] Ibid., p. 30.

[5] Linaloe R. Flores, El hombre detrás de los discursos de Peña Nieto, Sin embargo.com. Consultado en http://www.siembargo.mx el 22 de mayo de 2013 (620789).